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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoVia La Auténtica Defensa: Noticias de Campana

Vía https://www.laautenticadefensa.com.ar - Edición del 27/ene/2012



Quizás algún día estas y otras historias lleguen a ser un libro –escrito o no por el columnista-, pero que son parte de la (nuestra) historia pueblerina, es algo más que una certeza...

Transcurrir la niñez en las décadas del ’30 y del ’40, no debe haber resultado fácil para ningún pibe en la patria argenta, aunque para algunos de los que vivían en la zona de la Barranca –por Arenales o por Paso, desde la naciente 25 de Mayo o la avenida Mitre-, además del paisaje que hoy no exhibe esa parte del pueblo, se veía pasar el tren a Rosario en el que viajaba el equipo de Boca Juniors para enfrentar a Central o a "Ñuls", y que a su vuelta era recibido por el piberío –y sus padres-, que con banderines y cánticos recibían la parada del tren en la estación para saludar a sus ídolos "futboleros".

Ahí ya andaba Miguel Colombo, recorriendo una "Calle Real", desde la Plaza a la Estación, que se mostraba llena de público y con las veredas que estallaban desde los bares "de Tuero", "de Bagolini" o del "Hotel Campana". Momentos que no opacaban la actividad deportiva que realizaban en el hoy inexistente "Club Esso", bajo la conducción del profesor Elpidio Guasconi, el cual los preparaba para competir con su pasión "futbolera" frente a contrincantes de barrios del pago chico; fue con Elpidio que visitaron la cancha de Boca los pibes y, en el caso de Miguel, jugaría al fútbol en el campanense "Club Huracán".

Egresado de la Escuela 1, probó suerte en la Normal, y aunque desistió ello no le impidió formarse en las hoy olvidadas "Academias Sierro", donde se recibió de dactilógrafo, taquígrafo y tenedor de libros, lo que le permitió a los 14 años trabajar en una empresa de transporte y en la funeraria "de Marimón", ambas en Zárate; a los 18 ingresó al Arsenal "para hacer carrera" , pero tras 7 años de servicio y con categoría dejó la actividad, no sin antes recordar lo ocurrido con el conscripto Grillo, quien era de profesión tapicero y, además, cantante. Grillo pidió prestada una valija a Miguel en una salida de franco…y no volvió, ni el conscripto, ni la valija, que habrán derivado por alguna parte donde a Grillo lo mandaron a prestar servicio. Pero a los seis llegó una carta reparadora en la que el otrora conscripto agradecía el favor, y si bien la valija no volvió a su dueño, y adjuntaba una foto firmada en la que se leía: "Orquesta Grillo".

Años esos en los que la empresa de colectivos en Zárate hacía el recorrido Frigorífico-Arsenal y que en tiempos posteriores –siendo propiedad de Illarramendi-, se transformaría en la que uniera el recorrido Zárate-Campana. Años en los que se casara con su compañera de toda la vida, Beatriz Rodríguez, en el año 1952. También una década en la que ingresaría a "la Dalmine" en el ’56, donde estuvo 23 años como personal de oficina y en producción –trefilado de tubos-, aunque un problema por una fuga de gas que casi hace estallar el área de oficinas y alrededores, con riesgo de vida para él, hizo que trepara 10 mts. para cerrar una válvula que perdía. No alcanzó su conducta: lo intimaron a renunciar o sería despedido. Y si había alguna duda, Miguel no fumaba…Renunció.

Trabajos varios se sucedieron: en "Metalma", donde renunció por quiebra de la empresa; en la estación de servicio de Mitre y Castelli como playero, donde se gratificó dándole la mano a Alberto Olmedo que estuvo a cargar combustible…aunque otros momentos vivió cuando con Beatriz compraron el kiosco "de la Sarmiento", lo poblaron de mercadería "kiosquera", más la venta de diarios y revistas, que recogía a tempraneras horas en lo "de Marquez" (diarios) y, luego, las revistas en la distribuidora del "Lulo" Savastano.

Tiempos en los que la venta semanal de cigarrillos era alta y mayor en fines de semana, cuando un grupo de hinchas del "Viola" que siempre compraban ahí, le compusieron una canción al kiosco y siempre se la entonaban en la previa o posterior al partido, que contrastaba con el susto que padeció cuando quisieron robarle y accionó con el pie un sistema que rápidamente bajó la persiana y dejó a los ladrones sin posibilidades de concretar su objetivo.

Recuerda Miguel y agradece a familias, instituciones y personas que durante años aportaron a construir su vida comercial, entre los tantos se encuentran: Romano, Busso, Dellepiane, Bonota, Maisonobe, Barrientos, Savastano, Della Sala, Padula, Tonani, Franco, Tellería, Ranieri, Rubin, Caram, Picciau, Rodríguez, Churruarín, Riviello, lista incompleta de vecinos del pago chico que concurrían al kiosco de "la Sarmiento" entre Jean Jaurès y Belgrano, por los que Miguel se siente "muy agradecido" de que lo hayan acompañado en su actividad comercial, pero sobre todo "por convivir y dialogar", deseándoles "mucha vida"…


Calle Real, desde la Plaza.

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