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Vía http://www.laautenticadefensa.net - Edición del 10/feb/2019





Mara Pedrazzoli

Las frases simples del presidente y ex asesores favorecen una identificación fácil que degrada nuestra dignidad, como ciudadanos y como sociedad. Los medios celebran la baja del tipo de cambio pero los problemas reales (salario y trabajo) de la población persisten, el gobierno debe atenderlos en vez de premiar la especulación financiera.

¿En qué podría basarse un votante medio para considerar que sería favorable una segunda gobernación de Cambiemos, si no es en la construcción retórica que ellos hicieron de los gobiernos populistas: del despilfarro y la mala conducta de los últimos 70 años? Una condenación moral, encauzada por el marketing político. Una argumentación carente de datos empíricos u otros argumentos verbales que la acompañen: apenas una frase parece bastar para impregnar a la sociedad de una sensación de culpa (para señalar un pecado original que dataría de años). Claro que la confusión se ejerce sobre las capas medias y las clases populares, los ricos no sienten culpa.

La estrategia discursiva de Cambiemos desprestigia a la sociedad, a su historia y también a las instituciones: socava el hecho de que hemos sido capaces de elegir gobiernos que defiendan nuestros derechos tildándonos de eternos equivocados. Ese rasgo, tan actual, "saqueador" de las instituciones es característico de los gobiernos de elites, y no sólo constituye un retroceso en la valoración de las herramientas de construcción ciudadana sino que señala permanentemente la existencia de un "poder real" que se encontraría en otro lado: el capitalismo realmente existente.

Como nota al pie, cabe notar que esa caracterización (¿más auténtica?) no se halla en los relatos de los nuevos populismos de derecha de Estados Unidos y Brasil, por ejemplo, donde el poder vuelve a manos del Estado.

Pero volvamos al carácter "saqueador" de las instituciones en nuestro país. Cuando el gobierno de Cambiemos dictamina que las jubilaciones y pensiones pasarán a pagar impuesto a las ganancias, sin realizar un anuncio público, nos quita dignidad, tanto económica como política. Como sociedad no debemos perder de vista que todos navegamos en la misma barca, que los jóvenes de hoy seremos los jubilados mañana (y no los Aranguren: mezcla ilusoria que, nuevamente, atañe principalmente a las capas medias).

Ese discurso "desinstitucionalizado" de Cambiemos tiene como ventaja favorecer identificaciones casi directas con las palabras del presidente. Por ejemplo cuando Macri dice bajar la inflación "está costando más de lo que imaginé", se intuye un ¿él?, ¿yo?, ¿quién imaginó que la inflación podía bajarse más rápidamente?

Esa confusión no cabe a las clases privilegiadas; ellas casi no dudan ni tienen culpa de clase. El presidente se burla de nosotros, no importa lo que él imagine, importa que tiene un Banco Central -con cientos de empleados muy bien pagos- bajo su autoridad, cuya responsabilidad es bajar la inflación (la tarea de los ciudadanos por el momento parece ser solo la de votar).

Pasemos ahora a observar algunos resultados las políticas económicas de Cambiemos. Centrados en los titulares de los principales diarios diremos que es una buena noticia la estabilidad cambiaria y la "relativa" baja de la tasa de interés de referencia (la de las Leliqs, que esta semana pasaron de 47,5% a 46,2%, acusando el mayor recorte desde inicios del nuevo programa monetario). ¿Pero a quién beneficia la estabilidad cambiaria hoy día si no consigue bajar la inflación?: a los ricos, favorece la especulación financiera a tal punto que el viernes a última hora el Banco Central emitió un comunicado limitando la tenencia de Leliqs de los bancos a un timidísimo 65% de los depósitos. Es que el stock de Leliqs creció desmesuradamente en poco tiempo; vinieron a desarmar la "bola de Lebacs" que superaba $ 1 billón y en tan sólo cuatro meses -desde inicio del programa monetario en octubre- suman poco menos que $ 1 millón. A su vez, los intereses pagados a los bancos por su tenencia ascienden a una cifra nada desdeñable de $ 120.000 millones, según informó recientemente la Universidad de Avellaneda.

Recordemos, el Banco Central emite esos activos financieros para retirar de circulación Pesos que podrían destinarse a la compra de Dólares y fogonear la devaluación. Ahora bien, la devaluación tiene -y sí que los tuvo- efectos inflacionarios pero la apreciación no los revierte. El efecto inmediato de la apreciación en economías pequeñas como la nuestra es el agravamiento de la recesión dado que las empresas no pueden competir con importaciones baratas.

Así, las buenas noticias financieras son bien relativas. Todo gobierno debe velar porque la inflación sea baja y la producción crezca (ya lo dijo John Maynard Keynes allá por 1930). Y el tipo de cambio importa por cómo afecta a esas variables, básicamente de esa manera: la devaluación genera inflación y la apreciación, en este contexto, más recesión interna. Volveremos a este tema en próximas notas.



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