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Vía http://www.laautenticadefensa.net - Edición del 05/dic/2018





Marisa Mansilla

Mr. Stevens, ya un hombre mayor y digno mayordomo inglés de Darlington Hall le lleva el té a Mr. Farraday, su nuevo patrón norteamericano y propietario actual de la mansión, y le comenta su intención de aceptar la propuesta que él le hiciera de llevar a cabo un viaje por el país y dirigirse hacia el oeste con la intención de contactarse con Miss Kenton, la antigua ama de llaves para proponerle que vuelva a servir en esa casa. Mr. Farraday se ríe y con picardía le dice : "-Pero Stevens, ¿aventuras a su edad?". Así son las bromas que a menudo le hace el norteamericano al mayordomo inglés, jugando con el doble sentido y la picardía, haciendo alusiones, a menudo chabacanas, sobre la sexualidad del criado o bien de alguna dama -incorregible provocadora- que podría satisfacer sus impulsos con el criado. Ésta es la manera en que Mr. Farraday intenta aplanar la distancia formal y acartonamiento que regía hasta años anteriores el trato entre los señores y sus criados. Y el pobre Mr. Stevens sonríe, porque no sabe bien qué responder a estas bromas que jamás le hubiera hecho su amo anterior Lord Darlington, por no incomodarlo ; cuando responde lo hace tratando de no resultar pedante y con tal nivel de sutilezas y eufemismos que Mr. Farraday no lo entiende. Y he aquí uno de los problemas que atraviesa la magnífica novela de Kazuo Ishiguro, "Los restos del día", el problema del lenguaje.

¿Cómo debe hablar un señor con su criado? ¿cómo debe responder el criado a su patrón, a los otros señores que visitan la casa, a los demás criados o personal que como él están en relación de servicio, pero bajo su mando ya que la categoría de "mayordomo" es la más alta? ¿Cómo habla Mr. Stevens durante su viaje con la gente más simple y común de los pueblos que va encontrando en el camino?, ¿lo entienden?, ¿lo confunden?, ¿lo complican?, ¿lo ponen a prueba? El habla individual de cada personaje de la novela, y de cada persona también, es transparente en cuanto a su inserción de clase social, cultural, geográfica regional y de época que no escapa a Ishiguro, que con un trabajo impecable en ese campo va ilustrando cómo cada uno de ellos se ha ido apropiando del lenguaje.

Kazuo Ishiguro, autor de la novela "Los restos del día", ganadora del Premio Man Booker 1989 (el más prestigioso premio literario del Reino Unido) y ganador asimismo del Premio Nobel de literatura en 2017, es un escritor británico de origen japonés nacido en Nagasaki en 1954, pero al ser su padre de profesión oceanógrafo y haber sido contratado por el Reino Unido para investigar e instalar plataformas petrolíferas en el Mar del Norte se mudó junto a su familia a Londres cuando sólo tenía seis años. Ishiguro se formó en Filología inglesa y Filosofía en la Universidad de Kent y cursó un Master en Escritura Creativa en la Universidad de East Anglia.

Su novela "Los restos del día"/ "The remains of the day" fue llevada al cine por James Ivory en 1993(subtitulada al español como "Lo que queda del día"), con las inolvidables interpretaciones de Anthony Hopkins como Mr. Stevens, por la que recibió un Oscar, Emma Thompson como Miss Kenton y James Fox como Lord Darlington. Probablemente los lectores recuerden la historia narrada en el relato fílmico, aunque la novela que hoy comentamos origen de ese film merece ser leída muy atentamente.

Pero volviendo a ella y a Mr. Stevens y su tema con el lenguaje es llamativo el registro de con quiénes se entiende y quiénes entienden a Mr. Stevens cuando habla y quiénes, no. Se entendía perfectamente con los otros "grandes" mayordomos cuando intercambiaban sugerencias laborales que les permitían optimizar el servicio que debían brindar a sus patrones, o bien al conversar sobre "los grandes temas" que aparecían tratados en los diarios y que interesaban y eran tema de conversaciones entre sus señores. También se entendía con Lord Darlington, aunque con él la patente distancia entre clases impusiera en forma unilateral las reglas y modalizara en forma absoluta la comunicación que sostenían. No se entendía tanto, en cambio, con el resto de los criados, ni hablar con la pobre ama de llaves Miss Kenton, que fracasó en todos sus acercamientos. Entre amo y criado existía también un acuerdo tácito vinculado con el lenguaje que los "dignificaba" a ambos: Mr. Stevens, a diferencia de la generación anterior de mayordomos a la que había pertenecido por ejemplo su padre, se había formado perfeccionando la "buena dicción" del inglés – según cómo consideraban las clases más aristocráticas que era su correcta pronunciación -, había recibido una sólida cultura general y cierto dominio de los campos léxico y gramatical del lenguaje y aunque él no considerara que estos aspectos eran esenciales para llevar a cabo su función, su competencia y perfomance o actuación lingüística lo enorgullecían y no sólo hablaban bien de él, sino también de Lord Darlington, cuyo empleado de mayor categoría era un hombre culto que hablaba con corrección intachable la lengua. Hay un hecho gracioso que pinta de cuerpo entero el uso que hace del lenguaje Mr. Stevens. Lord Darlington, ocupado en coordinar un encuentro internacional de políticos de diferentes países en 1923, durante el difícil período entre guerras y existiendo entre la nobleza de la que él formaba parte sectores afines a la vencida Alemania que cuestionaban los términos del Tratado de Versalles para con ese país, le encomienda que instruya a su ahijado el joven Reginald Cardinal , próximo a casarse, en qué era lo que debía hacer en su noche de bodas. La inquebrantable represión y bloqueo afectivo de Mr. Stevens, que al igual que su padre parecían "impermeables a cualquier emoción" lo hacen dudar y preguntarse cómo acometer el tema con el joven (que iba siempre portando una valijita repleta de revistas pornográficas para ilustrarse al respecto). En la primera oportunidad sólo se atreve a decir que entre las damas y los caballeros hay diferencias y luego lo sorprende y le habla de los gansos, las flores y los arbustos y cómo éstos florecen con la llegada de la primavera confirmando de esta manera los "misterios y maravillas de la naturaleza". Por suerte el joven Reginald se nutría de las revistas prohibidas ya que las metáforas de Mr. Stevens no le habrían ayudado a superar con éxito su primer noche de bodas.

Otro tema es la significación de las palabras. ¿A qué concepto hace referencia la palabra "dignidad"? Para Harry Smith, un demócrata de ideas socialistas que el mayordomo encuentra en una casa que lo hospeda en Cornualles, la dignidad es algo que todo el pueblo inglés posee, ya que si los más jóvenes murieron en las guerras para que el pueblo inglés se engrandeciera y no perdiera precisamente esta condición, las voces de todos merecían ser por lo mismo escuchadas. Mr. Spencer y Sir Leonard en una reunión que sostienen en casa de Lord Darlington en 1935 someten y humillan a Mr. Stevens con preguntas de política internacional que él no puede responder y desde una postura más monárquica, aristocratizante y elitista concluyen que el destino de una nación no podía quedar en manos de "buenos hombres" como el mayordomo Stevens, ya que no era lo suficientemente "digno" por no estar a la altura que las circunstancias requerían. Stevens, por su parte afirma: "… el deber de un mayordomo es procurar que haya un buen servicio, no intentar solucionar los problemas de la nación…".Las palabras inevitablemente están atravesadas y cargadas de ideología, por eso adquieren la categoría de "ideologemas", también están cargadas de la subjetividad, emotividad y la percepción del mundo de los hablantes. Nos construyen en lo que somos y nosotros con ellas construimos nuestros relatos y narramos la historia, ellas son fundamentales a la hora de considerar "lo que queda del día".

Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar


Kazuo Ishiguro recibió el Premio Nobel de Literatura 2017.

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