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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoVia La Auténtica Defensa: Noticias de Campana

Vía http://www.laautenticadefensa.net - Edición del 11/jul/2018



La primera noche que tuve entre mis brazos a Rosario Heredia llovía a cántaros. A la luz de los relámpagos sus ojos verdes despertaron mis deseos y me convirtieron en un animal en celo. En el vértigo desatado me anude a su cuerpo olvidando el paso del tiempo.

Despuntaba el alba cuando salí a la calle. Los perros negros que parecían custodiar la puerta lloraron lastimeramente y me siguieron un par de metros. Tuve una sensación de vacío extremo.

A pesar de los rumores sobre la gitana que corrían por todo Zárate, la seguí frecuentando. Ya estaba acostumbrado a despertarme y encontrarme rodeado de velas, mientras ella, desnuda, en trance, marcaba mi cuerpo con cruces invisibles.

Condescendía a todos sus caprichos. Una madrugada me despertó para pedirme imperativamente que la llevara hasta El puente de la muerte. Salimos, su perro, el único que entraba y dormía en la habitación, nos siguió. Y los otros del mismo color se nos unieron al atravesar la puerta. Por el espejo retrovisor cien ojos brillaron virando al rojo. Estacioné en la sombra del puente por la calle San Lorenzo y esperé. Ella caminó seguida por las bestias hasta desaparecer. Un rato después pude ver intermitentes resplandores. Un viento nacido de la nada sopló con furia trayendo una oleada de niebla.

No podía y no quería creer en chismes que hablaban de amantes que desaparecían locos de amor por la gitana para nunca volver. Prefería pensar en un enamoramiento pasajero, propio de un hombre solo, entrado en años. En otros tiempos, había enseñado literatura sin pena ni gloria y no pude dejar de pensar con una sonrisa en Circe.

-En el pueblo dicen que soy una puta, pero nunca traicioné a nadie. Y mis amantes siempre siguen cerca de mí -me dijo, repentinamente íntima.

-La gente siempre habla por hablar -le dije- abrazándola, quería poseerla mil veces más.

Por las noches había tomado el hábito de mirar la luna con infinita melancolía. Y podía oler el sexo mojado de Rosario a punto de abrirse en pétalos como una flor digna del paraíso o del infierno.

Me despertaba al menor ruido. Mi sueño se había vuelto liviano. Podía escuchar una pluma de colibrí cayendo entre las hojas. Y la gitana nunca dormía. La veía entre sueños haciendo conjuros sobre mi cuerpo rendido en batalla contra su belleza.

Pasaron los días de los años y Rosario y su embrujo nunca me dejaron. Primero dormía a sus pies. Ahora cuido la puerta de la casa de mi dueña, oscuramente entreverado con la jauría.


(*) Omar Morgante es un escritor contemporáneo campanense, actualmente radicado en Zárate. El relato "Guardián" pertenece a su libro "La Zona", editado en enero de 2017. También publicó "El estruendo rasante", "La lámpara y el otoño", "Cucharas de Plata", "El esplendor de las esferas", y "Kalaikus".



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