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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoSociedad y alimentación por Lic. Nora Pin
02/nov/2009

Lic. Nora Pin. Nutricionista ClínicaUna mirada retrospectiva dirigida al desarrollo de nuestra civilización, nos muestra enormes cambios no sólo en la calidad y cantidad refiriéndonos a los hábitos alimenticios, sino también en los modos y medios con los que el hombre, ha ido apropiándose de los recursos que la naturaleza provee para su alimentación.

A través de un mejor conocimiento de la naturaleza que lo rodeaba ha transformado los elementos e instrumentos para la obtención del alimento.

Existen diversas modalidades, en distintas culturas o estructuras sociales, para obtener el alimento y hacer uso de él.

Estas modalidades dan forma a diversas estructuras familiares y a sus configuraciones vinculares.
Podríamos decir que existe una relación causa-efecto bidireccional: por un lado, la modalidad de conformación de las familias y los distintos tipos de relación y por el otro, los modos y medios para la alimentación que redundan en dicho sistema.

Qué sucede con el alimento y el acto de comer de cada día, en esta etapa de posmodernidad, donde nuestros hijos (de cualquier edad) pueden tener información sobre todo visual, de otros grupos con historias y contextos distintos a los nuestros, y donde la oferta excesiva (de cualquier objeto y producto alimenticio) genera necesidades no reales que se nos exige ser resueltas con rapidez.
La era del todo ya y/o en poco tiempo, la falta de tolerancia y espera que requieren los procesos biológicos, emocionales, de crecimiento en general, las nuevas estructuras familiares también alteran el proceso de obtención de los alimentos y el acto de comer.

En el postmodernismo además de la inserción de la mujer en el medio laborar (logrado desde la industrialización y sostenido en el modernismo) se le suma la búsqueda patógena de “delgadez que asegura el éxito”.

En los siglos XIX y XX la autoestima de la mujer estaba ligada a valores trascendentes, como el buen desempeño de su función en la organización familiar.

En la actualidad, las mujeres sumamos responsabilidades como la citada en párrafo anterior, más el desarrollo laboral, más responder a la exigencia de los medios en cuanto a la imagen corporal. Esto trasciende en la alimentación personal y en consecuencia en la familiar
Se confunde comer sano con la realización de una dieta para bajar de peso o para no subir.

Lentamente *se pierde la sensorialidad de la preparación de la comida*, a veces por razones contundentes y otras por moda, (recordemos que en los 70 el amamantar era caduco).

En la elección de los alimentos familiares hay evitación constante de algunos grupos de alimentos, poniendo en riesgo la salud de los integrantes que están creciendo.
Es conveniente acordarse de que el comer y las emociones están estrechamente unidos, tanto, que la comida y el afecto significan muchas veces lo mismo.

Es un gran interrogante y un desafío en nuestra era posmoderna sostener la alimentación diaria preservando el encuentro afectivo y la salud.

Licenciadsa Nora Pin
Nutricionista Clínica
norapin@fibertel.com.ar


 











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