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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoTema: Incendios en la ciudad de Campana y alrededores
27/mar/2012

Vía http://www.laautenticadefensa.net - Edición del 30/nov/2018




Jorge Monzón. Foto: Facebook

Circula con fuerza la versión de que la final de la Libertadores finalmente se jugaría en Asunción, también se barajan otras ciudades cuya sola mención pone de manifiesto la nebulosa en que se mueven los dirigentes del fútbol continental. La historia que nadie mira nos enseña que en Europa también se han cometido despropósitos gigantescos, tales como jugar una final de la que hoy se denomina Champions League mientras la policía apilaba cadáveres en las graderías.

Ocurrió en Bruselas en el estadio Heysel allá por 1985, precisamente el 29 de mayo de ese año. Liverpool , campeón vigente de la por entonces Copa de Campeones de Europa se enfrentaba con la Juventus de Michel Platini, Boniek y varias superestrellas mas del futbol continental que constituían la base de la selección italiana que había ganado el mundial tres años antes en España.

El partido debió empezar una hora y media tarde debido a la masacre que provocó una violenta carga de los Hooligans ingleses contra la parcialidad de Juventus. El saldo fue de 39 muertos ( 32 italianos, 4 belgas, 2 franceses y un inglés) y centenares de heridos. Antes de empezar el partido los capitanes de ambos equipos leyeron un comunicado mediante el cual llamaban al público a la paz a fin de poder terminar aquella final que se desenvolvía en un clima auténticamente tétrico, tanto, que algunas tomas de la televisión daban cuenta de los cuerpos diseminados por las graderías mientras la policía trabajaba arduamente apilando los cadáveres.

Durante varios años sus clubes fueron raleados de toda competencia organizada por UEFA, pero la dirigencia del futbol inglés y la dirigencia política inglesa poco y nada hicieron para detener el accionar de los Hooligans que 18 días antes, apenas 18 días antes, habían provocado otra masacre, este vez en un campo de juego de la tercera división del futbol Inglés; el estadio de Bradford City, construido en 1908 y que era totalmente de madera, se prendió fuego, literalmente, tal vez por algunas colillas mal apagadas o por un fosforo arrojado sin apagar, ese tristísmo hecho debió poner sobre aviso a las autoridades del futbol inglés en vísperas de aquella final, ya que el saldo de aquel incendio fue 56 hinchas muertos. Pero lo único que hizo Inglaterra después de la masacre fue ordenar que todos los estadios dentro de las islas dejaran de tener tribunas de madera.

Menos hicieron después de la masacre de Heysel. Durante cuatro años los Hooligans continuaron desplegando su accionar barbárico en los estadios ingleses hasta que la tragedia volvió a hacerse presente y otra vez la hinchada de Liverpool fue protagonista de un hecho luctuoso con decenas de muertos y centenares de heridos. Esta vez el marco fue la copa inglesa y el escenario el Parque Hillsbourogh donde los diablos rojos se enfrentaban con el Nothingham Forest.

La capacidad del estadio se vio desbordada cuando en medio del partido se prudujo una avalancha que provocó que 96 personas murieran literalmente aplastadas ante las rejas que separaban al público del campo de juego.

Esta vez sí el poder político tomo cartas en el asunto y la intervención directa de la primer Ministro Margaret Tatcher dio inicio a una verdadera política de erradicación de la violencia en los estadios ingleses. Hoy vemos asombrados cómo en Inglaterra y en toda Europa los estadios no tienen ni rejas ni alambrados que separe a un público al que se suele ver tomando cerveza hasta el hartazgo, sin agarrarse a los golpes, fue tras ese partido que los europeos se dieron cuenta de que tratando a los aficionados como a animales, solo conseguían que ocurrieran tragedias. Los violentos fueron perseguidos y finalmente erradicados del fútbol ingles. Lo paradójico de la historia es que 12 años después las investigaciones llevadas a cabo determinaron que el principal responsable de la masacre fue la policía que como en la puerta 12 de la cancha de River hace 50 años había cerrado las puertas para evitar que mas público siguiera ingresando.

Inglaterra tomó una decisión política que tardó y que costo decenas de vidas. Mientras tanto en Argentina, en el marco de la CONMEBOL, no se puede organizar la final del año 2018 y todo el mundo sabe que mas allá de esos lúmpenes que le roban la fiesta a millones lo que ocurre es el resultado de la connivencia entre dirigentes y políticos con los profesionales de la violencia.

Vistas las mezquindades de los dirigentes de ambos clubes, la inoperancia de dirigentes políticos, la justicia y su brazo ejecutor las fuerzas de seguridad, no puede asombrar a nadie que una nueva tragedia se produzca en el futbol argentino, aunque la muden a la estratósfera.

Todos sabemos donde está el huevo de la serpiente, pero nadie se anima a romperlo.


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